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Fuerzas políticas externas en Venezuela

Fuerzas políticas externas en Venezuela

La Revolución Bolivariana venezolana ha sido objeto de todo tipo de pasiones y controversias, desde que el presidente Hugo Chávez desarrollara una nueva vía hacia un socialismo democrático a partir de tesis históricas y sociales aplicadas en latinoamérica. El proyecto bolivariano resultó ser una bocanada de oxígeno para una desdibujada izquierda, en franco retroceso desde la desintegración del bloque socialista, en donde el proyecto de integración globalizada del capitalismo parecía no tener al frente una alternativa que se contrapusiera a este capitalismo hegemónico comandando por Estados Unidos. La Revolución Bolivariana resultó ser un proyecto económico viable para los países de la periferia capitalista.

Los hoy herederos políticos del chavismo han colocado a Venezuela en el ojo de la tormenta por las contradicciones económicas y sociales acumuladas en el seno de la sociedad venezolana, gestadas por la pésima administración económica de los ingresos provenientes de la venta de crudo, cuyos precios son bastante volátiles en los mercados internacionales, así como por la falta de una política de planificación industrial a largo plazo que permitiera limitar la importación de algunos bienes de consumo.

De igual manera, la izquierda venezolana optó por inclinarse hacia reformas y alianzas entre las distintas clases sociales, entre ellas las burguesías nacionales y extranjeras, abandonando su esencia anticapitalista y aventurándose en relaciones arriesgadas con sectores de la oligarquía nacional venezolana.

A pesar de esto, el chavismo ha cosechado éxitos en cuestión de política social. De acuerdo al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicado en el 2016, Venezuela se encuentra dentro del grupo de países considerados con desarrollo humano alto. Por citar algunos países, Uruguay se encuentra en el puesto 54, Cuba ocupa el lugar 68, Venezuela se encuentra en el lugar 71, por encima de México que ocupa el lugar 77, Brasil ocupa el lugar 79, Perú el 87, solo por citar algunos países de la región.

En política externa, la República Bolivariana de Venezuela gestionó en tiempos del ex presidente Hugo Chávez toda una red de relaciones con enorme peso estratégico y geopolítico en el corazón de Sudamérica, lo que permitió la entrada en el escenario latinoamericano a países como Rusia, Corea del Norte, Irán y China y fortaleció el proyecto común sudamericano con los países miembros del ALBA, notablemente antagónicos a los intereses regionales estadunidense.

Repudiando todos estos éxitos, gobiernos y partidos políticos de notable línea conservadora no han vacilado en desestimar e incluso ocultar los logros del chavismo en materia de política social, gestionando la crisis institucional y social en Venezuela a su favor, utilizando el comodín venezolano en sus diatribas en contra de adversarios y proyectos políticos que califican de “populistas, bolivarianos, desestabilizadores, castrochavistas, neocomunistas -cualquier cosa que signifique esto-” que les resultan incomodos o que inclusive representan una amenaza real a sus propios regímenes políticos.
En España, la joven agrupación política Podemos ha sido desde su irrupción como fuerza política en el escenario electoral español el target de los aparatos de represión del Estado, de los poderes económicos fácticos encarnados en las empresas del IBEX 35, de las fuerzas políticas conservadoras como el Partido Popular y su partido satélite catalán Ciudadanos y de la Mass Media.
La presencia en Venezuela como asesores del ex presidente Hugo Chávez del actual secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ademas de otros miembros fundadores del partido como Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón no ha pasado inadvertidos por la derecha española, misma que ha capitalizado el affaire venezolano desde tertulias televisivas con panelistas “maiceados” y medios de comunicación con línea abiertamente oficialista, hasta el orquestamiento de una verdadera cacería de brujas desde las instituciones del Estado para dañar la imagen de la formación política morada durante las dos últimas elecciones generales.

Otro ejemplo más de esta tendencia a jugar la carta “chavista” se presentó durante las últimas elecciones generales en Francia. Ante el ascenso en las encuestas del candidato de la Francia Insumisa Jean-Luc Mélenchon, la derecha reaccionaria no tardó en organizar su ofensiva empleando sus dotes de clarividencia y su falta de imaginación, pintando ante la opinión pública francesa un escenario post apocalíptico en caso de una victoria del candidato de la France Insoumise. Y todo esto por el hecho de haber expresado admiración por el proyecto del comandante venezolano.

La casta política mexicana ha demostrado de entre todos los casos mencionados anteriormente ser quien ha llevado in extremis el usufructo de los “horrores” del chavismo. Porque resulta bastante congruente que un gobierno que ha sido rebasado por la violencia de los carteles de la droga, con una política de seguridad sin resultados claros que se traduce en cientos de muertos diarios a lo largo del territorio nacional, además de haber sido señalado por organismos internacionales de transgredir una y otra vez los derechos humanos, goce de la suficiente solvencia moral para acusar al gobierno bolivariano de vulnerar los derechos humanos de los opositores venezolanos. Todo un monólogo ante el espejo.

Cabría preguntarse e incluso cuestionar la legitimidad de los intereses de aquellos que pretendiendo preocuparse por la situación que agobia al pueblo venezolano esconden una agenda particular o tratan de maquillar y acallar el descontento interno en sus propios países.

marioarmando9022@gmail.com

Opinión: Mario Armando Robles Romero

Noticias Acapulco News, Acapulco Guerrero

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