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Violencia cambió la cotidianidad de acapulqueños

Violencia cambió la cotidianidad de acapulqueños

  • Viven temerosos de salir a la calle, advierte psicólogo
  • Nadie quiere un trabajo nocturno

Por Ana Lilia Torres

En los últimos 10 años, el problema de la violencia en el puerto de Acapulco no sólo cobró cientos de víctimas, sino trastocó también la vida cotidiana de esta ciudad, donde los habitantes viven con temor de salir a las calles y por la noche prefieren refugiarse en casa.

De acuerdo con un diagnóstico elaborado el año pasado por la Comisión Nacional de Seguridad (CNS), Acapulco es el municipio más violento del país y encabeza la lista de las 50 localidades con más homicidios.

El estudio arrojó que en el puerto hay 20 colonias peligrosas, incluida la zona turística, pero cuatro de esas han sido catalogadas como de alta peligrosidad por su elevada incidencia en homicidios, robo de vehículos y posesión de armamento, como son Ciudad Renacimiento, Progreso, Centro y El Coloso.

La violencia es un fenómeno que cambió radicalmente la vida de los acapulqueños, porque “ahora viven con temor y zozobra de no saber qué les puede pasar al acudir a un lugar público” , señaló el psicólogo Salvio Vargas Ramírez, catedrático de una universidad privada y terapeuta del Centro de Integración Juvenil Acapulco (CIJA).

El especialista reveló que cuando los seres humanos viven en un entorno de inseguridad, como ocurre en Acapulco, automáticamente vienen a su mente pensamientos de miedo, que generan a su vez, trastornos de ansiedad, stréss y hasta un cuadro de psicosis.

“La mente es muy poderosa y el haber estado en un episodio violento como por ejemplo la balacera en el Parque de la Reina, produce en las personas trastornos de ansiedad, inseguridad y a veces ya no quieren salir, para no verse nuevamente expuestas a ese tipo de acontecimientos”, resaltó.




Vargas Ramírez dijo que el habitar una ciudad donde la muerte se ha vuelto algo común y los asesinatos se difunden en redes sociales y medios de comunicación, hace que la gente tome precauciones en su rutina diaria, como no sucedía antes de que se generara el clima de inseguridad.

En ocasiones, cuando las personas llegan a estar en medio de una balacera “pueden sufrir psicosis, que son episodios de pánico, que las hace sentirse vulnerables y hasta tener delirios de persecución”, expuso el especialista.

“La violencia ha causado un mayor grado de stréss en los acapulqueños, porque ya no quieren ir a colonias que identifican como zona violenta, tal es el caso de Renacimiento y Zapata”, agregó Vargas Ramírez.

Señaló que la vida de los acapulqueños definitivamente ha cambiado, puesto que ahora han tomado precauciones y ya no llevan objetos de valor al salir de casa, no acuden a lugares muy concurridos y prefieren muchas veces pasar desapercibido y no dar información confidencial.

Temen trabajadores caminar de noche por temor a ser confundidos

Un sector que se siente vulnerable ante la situación de inseguridad que se vive en Acapulco, son los trabajadores que tienen todos los días que trasladarse desde sus domicilios desde las colonias populares de la ciudad hacia la zona turística.

El secretario general de la Sección 112 de la Confederación de Trabajadores de Mexico (CTM), Rodrigo Ramírez Justo externó que cada vez resulta más complicado para los obreros conseguir transporte para poder llegar a sus domicilios cuando salen del trabajo, sobre todo los que laboran en horario nocturno.

“La situación es preocupante, porque antes se trabajaba a cualquier hora que el patrón nos asignara; podíamos hasta llegar caminando a nuestros domicilios sin ningún problema, porque la ciudad era segura y se podía transitar de noche sin miedo”, señaló Ramírez Justo.

En cambio ahora, “los trabajadores que tienen turno en la noche, no ganan las propinas suficientes para pagar un taxi que los lleve a sus casas directamente, muchos tienen que trasbordar y hacer una parte del trayecto a pie, con el peligro que eso representa, porque pueden ser víctimas de robos, asaltos o quedar en medio de balaceras”.

A los trabajadores les preocupa llegar tarde a sus domicilios, sobre todo “porque en el trayecto pueden ser confundidos con otro tipo de persona que se dedican a actividades ilícitas”, señaló el dirigente obrero.




Por la inseguridad, la mayoría de los empleados turísticos piden trabajar de preferencia en el día. “Muchos no quieren en la noche, porque temen llegar tarde a sus hogares por la inseguridad que se vive en el estado”, agregó.

Ramírez Justo dijo que los trabajadores son quienes viven día a día la zozobra que genera la inseguridad en Acapulco, en virtud de que “ellos no viven en el centro de la ciudad, viven en unidades habitacionales y colonias populares, y salen del trabajo a las 11, 12 y una de la mañana”.

Por el miedo a sufrir algún problema de inseguridad en su trayecto a sus domicilios es que los obreros piden a los patrones trabajar en horario matutino, redundó Ramírez Justo.

La Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Acapulco (Canaco-Servytur) contabilizó más de mil negocios cerrados el año pasado, como consecuencia de las amenazas, extorsiones y cobros de piso.

Roberto Jacinto de la Cruz, dirigente de ese organismo empresarial dijo que los empresarios están resignados a pagar cuotas a la delincuencia, con tal de que se les permita seguir trabajando y conservar su patrimonio y sus vidas.

“El clima de inseguridad que estamos viviendo nos ha hecho valorar lo más importante que es la vida y por eso muchos empresarios cuando se ven amenazados, prefieren mejor cerrar sus negocios y cambiar de lugar de residencia”, añadió el dirigente empresarial.

Paga cuotas, única opción de comerciantes

Uno de los más antiguos dirigentes de comerciantes del Mercado Central, quien pidió no revelar su identidad por la situación que se vive en ese centro de abasto popular, refirió que el problema de violencia cambió totalmente las vidas de los locatarios.

Anteriormente, los vendedores establecidos, fijos y semifijos que ejercen el comercio en ese lugar reportaban sus pagos de pisaje al gobierno del municipio e inspectores de mercados; hoy lo hacen a los delincuentes y cobra cuotas.

“Ahora son otros los que están al frente del Mercado Central y desde luego que hacen una explotación económica por semana, quincena o mes”, señaló.

Aproximadamente hay mil comerciantes establecidos en el Mercado Central y un número mayor que es flotante de vendedores ambulantes que se apoderaron de todas las banquetas, pasillos y áreas peatonales.

“Todos pagan cuotas, ya no se paga una cantidad diaria por pisaje al municipio como antes, se paga a los que los protegen de cualquier agresión de la delincuencia. No hay otra solución más que cubrir esa cuota”, añadió el dirigente.

Sobre las muertes de comerciantes que ha habido en ese lugar, dijo que se tiene conocimiento de que “cuando algún locatario se opone al pago, es cuando sufren consecuencias”.

Por eso, dijo que cuando jovencitos se presentan a cobrar las cuotas, los comerciantes ya no discuten y pagan la cantidad exigida, e incluso conversan con ellos, “porque como se dice a veces es mejor unirse al enemigo”.

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